Irán no atacará Santo Domingo, pero sí tu bolsillo

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Irán no atacará Santo Domingo, pero sí tu bolsillo

SANTO DOMINGO, REPUBLICA DOMINICANA, 25 DE MARZO 2026.- Mientras las redes sociales se incendian con el temor infundado de proyectiles cruzando el Atlántico para impactar las costas de nuestra isla, esto le quita el poder de discernir, ya que si lo analizamos con detenimiento, la verdadera ojiva nuclear que amenaza la estabilidad de República Dominicana, actualmente, no viaja por el aire, sino que navega silenciosa en los buques petroleros que cruzan el Estrecho de Ormuz y cada vez que transcurre un día de la guerra se estrechan más los bolsillos del ciudadano.

Este desparpajo de misiles y drones en Medio Oriente provocan una distracción peligrosa al observar a algunos ciudadanos buscar en el horizonte estelas de humo iraníes, cuando en realidad, el peligro de los dominicanos se manifiesta en las pizarras de las estaciones de combustible, en razón de que cada centavo de aumento en el barril de petróleo golpea con más fuerza que cualquier explosivo de largo alcance.

La geografía dominicana es nuestro escudo más robusto contra la balística de Oriente Medio, porque ningún dron o misil de corto alcance posee la autonomía necesaria para vencer la inmensidad del océano y convertir a Santo Domingo en un objetivo militar directo de la teocracia persa. Esto debe sacárselo de la cabeza cualquier analista de la geopolítica, muchos de ellos, promotores de la sinrazón analítica.

Resulta vital entender que los acuerdos logísticos del gobierno dominicano con Estados Unidos, para usar la Base Aérea de San Isidro y el Aeropuerto Las Américas, responden a una estrategia regional de USA contra el narcotráfico, no así a un despliegue de lanzaderas ofensivas, lo que nos sitúa lejos de la retaguardia de fuego en el conflicto que hoy desangra las fronteras de Israel e Irán.

El verdadero asedio que sufre el pueblo dominicano es el de la inflación importada, esa que llega empaquetada en los fletes marítimos y en el costo de los insumos básicos que dependen de una energía global cada vez más escasa y costosa por la inestabilidad de las rutas comerciales. Eso es lo que debe preocuparnos. Exigirle a las autoridades el blindaje del país para que la sociedad no resulte ser la más afectada.

Si el Estrecho de Ormuz se cierra definitivamente, el impacto en la economía del país será devastador para el presupuesto nacional, lo que obligará al gobierno a elegir entre subsidiar el hambre de las máquinas o permitir que el costo de la vida asfixie definitivamente a la clase trabajadora, a pesar del bajo salario que recibe y que no alcanza para resistir la insistencia de una canasta familiar que supera los 47 mil pesos.

Morbo 

“Cuando la información se nutre de la mentira difícilmente puede fortalecerse la verdad” (MB). Los periodistas debemos dejar de alimentar el morbo en las plataformas virtuales debido a que auguran bombardeos ficticios y esa narrativa solo sirve para desviar la atención de los problemas estructurales que la guerra sí está exacerbando en nuestra balanza comercial, mientras el peso dominicano cada día se debilita y los problemas del dominicano son de mayor cuantía.

La soberanía no solo se defiende con radares y vigilancia en el AILA frente a pasajeros sospechosos, se defiende garantizando la seguridad alimentaria y energética ante un mundo que prefiere las armas, no así el flujo constante de los suministros esenciales para que prevalezca la paz social.

Los periodistas somos los más llamados a promover en los medios que representamos la madurez del debate público, reconociendo que la vulnerabilidad de nuestro país es financiera, no táctica. Un apagón provocado por el alza del combustible genera mucho más caos interno que la remota e imposible posibilidad de un ataque extranjero en este territorio que se encuentra a más de 11,000 kilómetros de distancia de Irán.

En estos tiempos de guerra internacional, sería fundamental que el mensaje de los medios de comunicación esté dirigido a fomentar la paz mental entre los residentes de la isla, ya que, el enemigo de República Dominicana no está en el cielo, está en la fragilidad de un mercado globalizado donde un disparo en el Golfo Pérsico se siente como una puñalada directa al bolsillo de cada familia que lucha por llegar a fin de mes sin pedir treguas para enfrentar sus necesidades.

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